6/12/2007

La casa de junio

Las mañanas
Las antenas
Los
Añosos eucaliptos


Se ve toda la playa desierta y sucia, con la arena clara endurecida y mezclada con gris, como si le hubieran soplado cenizas, las sombrillas de palo, con sus graciosos bonetes de paja cosida y un mechón castaño suelto, al voleo. El mangrullo de los bañeros, otros palos grises enterrados sin sentido preciso alrededor, como un palacio vegetal abandonado en una de las islas Fidji. Los otros mástiles son caños en L que sostienen los alójenos, pintados de rojo, y aparecen detrás de la escalera de cemento amarillo municipal.
Un poco más acá, más postes amarillos y bien enfrente, justo donde el río hace la curva, una cancha de fútbol con arcos también de palo, en uno de ellos apoyada la bici roja del pescador.
Domina la cancha una torre de alta tensión, parecida a cualquiera de nosotros, sólo que en versión gigante y duro, con dos bracitos cortos de robot, parece estar levantando un alambrado para que pasen las chicas sin rasgarse el bombachudo.

Viene el tren

Se escucha el pito venir de Santa Fe. Desde el cartódromo un motorcito le contesta con berridos de ternero acelerado.

Vine temprano a hacer reportajes a las garzas del bañado, por eso es que estoy parado al final del terraplén, haciendo equilibrio entre las trochas, que es desde donde mejor se ve todo el terreno anegado donde antes hubieron casitas y ahora pájaros que saltan dos por tres como si los descorcharan desde un refugio entre las matas.

Comienza a chasquear la vía como una víbora y al otro lado del río, cruzando el puente de hierro, ya se distingue la luz del frente de la máquina, así que salto.

Decía que vine a hacer reportajes a las garzas blancas y a las vacas locas ahora que junio campea una mini primavera en este invierno.

Ya está viniendo el tren, y mientras dure su pasar no voy a ver las verticales rasas de la cinacina y de las pajas, incluso el ras cortito de esos patos marrones, las puntitas de las alas amarillas y los picos naranjados, volando cortito, como descorchados.

Pero el maquinista se hace el dormido, me niega el saludo, quizás creyó que me estaba por tirar a las ruedas y por eso se escondió. Encima yo, con mi cuadernito... Habrá pensado que estaba redactándole la carta al juez.

El último vagón es una chatarra naranja, toda arruinada como a balazos, donde van dos mozos de blanco que sí, me saludan con las manos en alto.

Vuelvo a ver las vacas y los patos, la cinacina y la paja y ese ojo de agua como de mercurio meado.

El bañado.

Rewinnnn

Tres perros de esquina
Dos caballos sueltos
Un perro solo, de puerta,
Otros ladradores, invisibles
Castañuelas.


Th!

Th th th th!


Las puntas de las alitas amarillas
Y el piquito anaranjado.

Un jardín de lotos arrimados
A lo largo de la costa.

Un pescado muerto, panza arriba
Lo doy vuelta con un palo.

Todo el cuerito del lomo
Es atigrado.

Una banana en pijama
Con las patitas comidas
Por donde se le va
Saliendo el paño.

Una boga muerta, panza arriba
Removida todo el día
Por el flujo
Del agüita.

¿Faltará mucho, verano?

1 comentario:

pariente1 dijo...

muy lindo fernando!