7/22/2007

Los gatos, y todavía encima Dios

Mis gatos están encantados,
por ejemplo, aparecieron
con la medianoche quemada
y a punto de aclarar, como ceniza
pinzada en sus garritas
desde el patio
hasta mi cama.

La estuvieron arrastrando,
pobrecita,
a todo pedo,
y yo que, en mi desvelo, venía
acomodándome a una canción
por donde se colaban cien palabras
generales,
empecé a quedarme corto
de programa para el sueño.

Con todo lo que a diario despierto
para eso.

De noche viene Dios a hablar conmigo.
Yo casi no le doy bolilla, pero el pillo
me asedienta con petardos y botellas
gratuitas, y argumentos
de todo punto superfluos,
como el de llamar a mi dolor “cornudo”
cuando no, y con ánimo de mal traductor,
termina por decir “tonto del culo”.
Y empezamos a pelear.

Le digo: si es verdad que vos me querés
salvar, por qué me condenaste
a vivir, puto,
loco como un hongo, y sin un solo atributo
con que granjearme una fama.

La querella se extiende, entonces,
hasta la mañana.
Y no es para nada infrecuente
que le reclame mi muerte.

1 comentario:

pariente1 dijo...

muy bueno fer, es como un intimo&manifiesto. saludos lucas m