8/10/2007

Romance de mario y Rosa


Romance de Mario y Rosa

i

Desnuda en la oscuridad,
luego de haber,
por enésima vez, jurado
dejar (curar),
¿la veis?

O, al menos,
hacerse a un lado.

¡Mirad, mirad!

Cómo es que brillan
o vuelven
a recibir la muerte
sus ojos
girando rojos

como retretes
¿veis?

primeras anotaciones de luis que hablan de rosa

ii

Uno quisiera juzgarla
por su gesto tan valiente,

llevar semejante melena
resguardando ojos y dientes
sin atenuar lo que hieren
apenas mordermirar.


iii

Uno quisiera quererla
así como se imagina
que quisiera que lo quieran
dado el caso de ser ella.

Claro que, en pueblo mezquino,
como el que le vino a tocar,
la ahijada de un campesino
sin apellido

ni más que un natural divino
para esgrimir
frente a las tontas espadas
de las fifí…

Y más aún, descubriendo,
por el método infalible
de dejar que ocurra el tiempo
mientras descanso aquí,

que a sí misma
en mucho menos,
o en casi nada,
se estima.

“Por eso nadie se anima”,
concluyó por fin mi primo
disciplinando el caballo
a fuerza de hincarle estribo.


iv

Víspera de mi partida
vine a enterarme del cuento
con que el destino de Rosa
fuera puesto prisionero.

Que un fulano de Rosario,
pariente de Calderón,
vino hace tiempo buscando
comprar campos

y al cruzarse con la entonces
niña de núbiles años
se la quedaba mirando
hasta que se enamoró.

Desestimando la oferta
de unas hectáreas preciosas
el tipo cambió de planes
yendo a hablar con el tutor

de la huérfana Rosita
pidiéndole casamiento
y el viejo lo más contento
olió plata y se la dio.

Dios lo sabe y más perdona
que a esa edad una muchacha
sueña con que viene el hombre
de su vida a reclamar

el derecho que el amor
le otorga, cuando es sincero,
de merecer ser su dueño
y conformar un hogar.

Poco esfuerzo imaginar
el entusiasmo de Rosa
de salvarse siendo esposa.

Cómo no lo iba a acepar

Sin reparar en detalles
del aspecto o del carácter,
de Mario la enamoraba
que la cogiera del talle.

Nadie hubiera imaginado
que la rebelde del grado
esa “nueva” con problemas
huérfana niña del campo

hiciera punta en materia
tan delicada y difícil
como la de conquistar
el favor de un hombre bien

sin dote para ofrecer
ni apellido conocido
mientras las de familia
¿qué harán con tantos vestidos?


v

Vuelvo del campo con Pancho,
mi primo, esto ya lo he dicho,
la víspera misma del día
en que decidí partir,

dejando andar los caballos
del modo que se les canta,
que igual hago con mi primo
para que me cuente todo

lo que sabe de Rosita.
Pero es muy lento o quizás
será que repite mucho,
entonces, con lo que escucho

y otras cosas que imagino,
me entretengo novelando
en versos, como es mi estilo,
rimados, para peor.

Carne, dirán algunos,
para el diván de un doctor
en letras o en psiquiatría


vi

Permitanme descansar
un ratito de esta historia,
de corto chorro es mi gloria,
largo el de mi fantasía.

El letrado sorprendido
entra en mi cazacurioso
y al cabo sale ofendido
diciendo: `tes un mocoso

y le errará porque Cristo
a mi edad ya estaba frío
o mejor decir, a punto,
según se mire al asunto.

Menos errado estará
si me tacha de ignorante
de las reglas y el buen gusto
del arte excelso del verso.

Algo estudié, pasa que ahora
tengo tal necesidad
de escribir como me sale,
¡Maestro, otra vez será!

Más esperanzas tengo
puestas en que un psiquiatra
descule mi hipocondría
y me vuelva la alegría

Si estos versos dan con él,
no dude en darme una mano,
disque, lo estoy esperando,
4 7 5 12 10

Metalé, porque lo que es
yo solito y al comando
de mi salud...

Se me ablandaron los cuernos
y ni que hablar de los sesos
y el cuero de la testuz.


vii

Continuando con lo nuestro
y si es que me quedan lectores
recordarán que la chica
aceptó el amor del joven

que esto último no dije,
lo de la edad del pibe,

inauguraba los treinta
sobrado ya de promesas.

Egresado hacía seis años
de una carrera contable
el rosarino mostraba
tener buen ojo en negocios.

Lo del campo era un antojo
que le inculcara su padre,
por eso y por otras cosas,
al encontrarse con Rosa,

no titubeó en decidir
que, a cuenta del porvenir,
sumaba más la conquista.

El casamiento, además,
le otorgaría un estatus
que en un mozo de su edad
ya se estaba reclamando.

Tres hijos tendría ,según
sus cálculos provisorios:
una niña que casar
y dos hombres de negocio


viii

Dicen que por ese entonces
se la empezó a ver feliz,
embelleció de tal forma
que pocos la reconocen.

Ni los muchachos del pueblo
que sucumbieran al miedo
de cortejarla algún día
por, fijensé qué porquería,

si no era loca,
huerfana, pobre y flaca,
atributos le sobraban
de los malos a Rosita.

Pobrecita.

Ahora se comen la boca
los sábados en la misa
viéndola asida del brazo
de ese tal Mario

y muerde su escapulario
uno en especial que omito
su nombre, por no manchar
la reputación del hijo

Otros reproches le hicieron:

Que alcanzó a soñar tan poco
cuando ya se le cumplía
lo que muchas muchos años,
algunas toda la vida…

Ser mamá

Fulana, afianzada claro,
en el de tal
que sin chistar las llevara
del civil hasta el altar.

Tan retobada en la escuela,
tan de llevar la contra,
perdiéndose en la rivera
del Salado,

los mechones en la cara,
andando como un muchacho,
detrás de cualquier historia
que alguien le hubiera contado.

Como la vez que le diera
por hablar con los caballos
ajenos, después que un peón
viejo y loco de los Rico

le fuera con el versico, en plan
de especular con robar
le un beso a su voluntad,
de que un caballo del pueblo

a cierta hora, atendía
los deseos
y que al cabo
de unos días

se cumplían

si eras bueno.


ix

“Pobre su tío y las primas
tocarle en suerte ese bicho
y consentirle caprichos
como si fuera su hija”,

decían o, por lo menos,
dice la tía que decían
más las madres de las solas
que las solas por sí mismas.

¿Qué le habrá visto ese joven?
¿Quién, en la intimidad,
diera el “tochi” a sus mentiras
para advertirlo del mal?


x

Fue que su amiga Leticia,
muriéndose de la envidia,
no demoró en divulgar
confidencias que después,

como todos imaginan,
fueron hiriendo la trama
de la gracia.

Ella soñaba con ver
crecer sus hijos en cierto
pueblo donde se crió
y del que guarda recuerdos

de un tal Gonzalo, patrón
de estancia o, dicho mejor,
hijo menor del dueño
que una siesta la besó

pero no entraba en su sueño
recuperar al varón
del modo en que lo contó
Leticia en el peor momento


xi

Cada cosa
¡qué injusticia!
por pura malicia del pueblo
todos terminan sabiendo....

Las miserias de una Rosa,
las primeras se adivinan,

y una novia entra en el sueño.


xii

Pero espiemos un momento,
(y esta parte, más que al primo,
a los chismes de la tía
y otras mujeres la debo)

las ilusiones de Rosa,
el devenir y en qué forma
desatósele la edad,
que ya de temprana huía

como al anuncio del día
la oscuridad

de la noche que porfía
cede al cantar

de los pájaros

del campo

tanto piar

pone

el envés nocturno de la seda
del cielo a merced
del crepúsculo esplendente
en un hilo

y amanece.


xiii

Garabatos literarios de Mario en su diario

De nuestra inspiración
poco y nada, amor, podemos ya esperar,

ni de la esperanza
puesta en un desesperado gol

presente, si al futuro sé que voy
huyendo del pasado, por agua

“Que nunca deje de beber.”
“Que nunca dejaré correr.”

recuerdo haber dicho
tanto

Como un pajarito
con agua en el pico

las alas en jarras
picando en el ruedo

de tus enaguas,
canto.


Fábula de Hisopo
(que ante tanta mugre decide limpiar, al fin, el polvo de esta triste historia con vocación de film, to clean, ¡It´s good!)

Posado en el brocal del pozo, ante el abismo oscuro del hoyo, un triste ruiseñor melindroso, enamorado de un reflejo, que el rebato de la luz proyecta en el fondo, barroso, hace figuras mexicanas, al más afilado estilo (siempre a un tris de lo agresivo), de las de Cuernavaca. Y Taxo se evapora por la hora, y extrañó a los extranjeros que venían fumando desde Denver. Jack y ese otro tipo, Cody Pomeray, en un coche podrido, con una grabadora.
¿Se les ha perdido el camino más largo?
¿Son quizá la séptima reencarnación
de la animadversión
hacia la caperucita lobo?


xiv

Estábamos, si recuerdan
al norte de Rosario
y el ruiseñor del idilio
no es otra cosa
que un picaflor en su rosa
demorando el trago
largo y amargo
de los enamorados.

Pero la flor es hermosa

¡Y cuánto más luce en el campo
abanderada de leche
desde temprano!

Nada Mario en el sudor místico del frío,
como se da en misma medida entre las lilas
degolladas por el viento huracanado del verano,
sin que nadie lo perciba.

¿Vive Marta Zamarripa?

Entre las que Dios bendiga.

Bueno, el mozo finalmente
se ha asustado
y en un rincón colorado
del entrepiso
reza un rosario de Cristos
por tenerlo de su lado.

De mercen…, a mercedario,
se remuerde mientras duerme
en su jergón
retirado
del valor y del perdón
lucha con los escalofríos.

Se lo ve mejor luchando.

Epilogo

Desnuda en la oscuridad,
luego de haber,
por enésima vez, jurado
dejar,
¿la veis?

o, al menos,
hacerse a un lado.

¡Mirad, mirad!

Cómo es que brillan
o vuelven
a recibir la muerte
sus ojos
girando rojos

como retretes
¿veis?

Fernando Callero – Santo Tomé, agosto de 2006

4 comentarios:

pariente1 dijo...

hola fer, ahorita me pondre a leer los textos que me pasaste, eztuve con javi benderski me dijo que leyo tu mail que se va a poner en contacto, en mi blogs subi una poesia, un abrazo!

pariente1 dijo...

gracias por el comentario en el blog, en estos dias me pongo con lo del patito.

xenia dijo...

Hola, Fer:
Acá salí a fumarme un marlboroblog
(virtual).
Me da fiaca leer poema tan largo,
ya lo leeré con más y mejor tiempo,
pero fijate que te dejé un comment bajo tu post del chiste con los nombres propios que parecen frases o verbos...
Hoy posteé x 2.
Saludos,

方大同Khalil dijo...

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