10/23/2006

El amor 4


Un banquete para hacerse el plato

Pero empecemos por lo primero, de acuerdo con el eje histórico del tiempo de Occidente. “El banquete”, de Platón, aparece fechado por los expertos entre los años 384 y 379 a de J.C.
Al parecer, Aristodemo, enamorado en un tiempo de Sócrates, le contó a Apolodoro lo que el maestro refiriera sobre el amor en un famoso banquete que hacía varios años se celebrara en casa de Agatón, con motivo de haber sido éste premiado por su primera tragedia. En un principio los comensales habían decidido no beber a causa de todo lo que habían bebido la noche anterior, con lo cual la anécdota pretende resguardar la razón de aquellos discursos.
Luego de que cada uno de los invitados expusiera sus palabras al respecto, el maestro desarrolla las suyas, pero delegando su autoría a quien una vez se las refiriera, cierta mujer sabia y vulgar de Mantinea: la vieja Diotima.
Amor es fruto de una fortuita cópula entre Penía (la Pobreza) y Poro (el Recurso) durante los festejos del nacimiento de Afrodita. De allí que en su naturaleza coincidan las dotes intermedias entre lo divino y lo terreno y por lo mismo haya alcanzado estatuto de filósofo, puesto que el filosofar es propio de los que habitan ese espacio entre la sabiduría y la ignorancia. Un sabio no se ocupa del saber porque lo posee, un ignorante tampoco porque no le importa. De esta manera, el fruto de aquella oportunidad que Penía aprovechó, estando el dios de la abundancia ebrio, dio a luz una entidad mixta, singular y por lo mismo de huidiza definición, como lo es el amor, de quien no se puede decir que sea bueno, dado que aspira a la bondad, bello, puesto que cae rendido ante ella, ni sabio, puesto que se empeña en el arte de filosofar. A esa naturaleza la vieja Diotima caracteriza como “genio”. Amor, equidistante del vulgo y de los dioses, se propone entre los hombres como un médium más que respetable, pero en razón de su misma ambigüedad, como peligroso. El amor, ¿no? Ese peligro entrañable.

8 comentarios:

marlboroblog dijo...

hasta aquí pude llegar en la escritura de este folletín no sé si llamar especulativo o cómo, pero hasta aquí llegué. y creo que hasta que no me postéen un comentario no podré seguir (alto mamengo había resultado el... blogger, que no sé si llamar a este oficio escritura). digo esto porque cuando escribo ficción no me preocupa tanto esperar respuestas, o por lo menos estoy más acostumbrado a no recibirlas.

pitillos de malvón dijo...

es claro m´hijo, que hay que separar la paja del trigo: que si uno quiere escribir un cuento o una poesía o alguna cosas que sea expresión del alma, tranquilito, uno hace eso y no espera respuesta, porque ahí no hay ninguna pregunta, o mejor dicho, sí hay preguntas pero son «sin destinatario conocido» y sin tiempo de posible respuesta. Un cuento es un cuento, no es una carta ni una conversación. Para hablar, para perguntarle a otro, a un amigo,¿cómo andás? y esperar respuesta hay otras formas, la mejor, a mi gusto es la conversa tranquila, con mates o porrón según la hora y el ánimo.

eso, y un beso.

PD: Che, ¿sabés? dejé de fumar. me daba no sé qué pensar que me fumaba algún primo tuyo.

marlboroblog dijo...

Qué bueno, yo llevo un par de intentos pero me puede más la fuerza centrípeta. Gracias por postear, estoy un poco bajo hoy, mustio, como supongo también los malvones al rayo del sol.
p.d. todavía no caigo con ese chste de no me quiero fumar un primo tuyo, pero bue. no sé por dónde vendrá.

marlboroblog dijo...

qué tonto, claro, soy un marlboro.

marlboroblog dijo...

les confieso que no volví a revisar los apuntes de esta historia. Pero ya la voy a continuar. La cuestión es encontrar buenas correspondencias o confrontaciones con los otros libros, Dafnis y Cloe es una fabula revirada por incidencia (insidencia) de la historia, ya que se trata El Amor en su dimención cronológica, cómo nace, se desarrolla y luego de sortear una serie de heroicos obstáculos, se consolida, se confirma, entre dos jovenes pastores humildes, pero de velado origen noble. tiene un filón cientificista, de observación empírica de las sensaciones físicas por las que presupone Longo se enciende esa misteriosa atracción, con el otro recurso tambien científicista de observar el "fenómeno" del amor entre dos púberes aislados, con apenas los recursos del sentido común para interpretar la pasión que les nubla el entendimiento. ya seguiré

Bizarre_Interestelar dijo...

volvio bizarre con sus comentarios apocrifos,...


podre presentarle este texto a calosso,vos pensate como nombre de algun griego,.....

marlboroblog dijo...

dale bizzarre, poneme Apolodoro de Laudano.

Anónimo dijo...

ay apolodoro... yo te veía cara conocid@.