2/21/2006

Mistifi


muy congratulado con los comentarios de Inés y su recurso del I-ching, el de el pequeño Li, que con apenas veinte años ya comenzó a frecuentar la leche de magnesio y las ampollas de B12. claro que, si no depones los tragos largos, niño, de aquí a un tiempo, y hablo por propia experiencia, se te hará cada vez más dificil recuperar kilitos, o pertrecharte para resistir las primeras estocadas de la mala brava. luego el comentario de la divina coccó y su borravino sobre blanco el sábado por la noche. ella propone pensar en el lugar que ocupa el trabajo en relación copn el amor. poco sé yo de tal pasión por el trabajo, pero, como verán, todos tenemos de qué lamentarnos respecto de nuestros automalostratos.
pero es que vivir se trata completamente de otra cosa?
hay algo más que hacer en esta vida de sueño que maltratarse, pellizcarse, intoxicarse o acabar?
Pues claro, Dios y su mágico mundo de chocolatada.
pero quedaron pendientes algunas cuestiones acerca del valor metafórico del uso de ciertas sustancias como vía artificial para acceder a estados que remedan el amor y otras fuentes de bienestar. nadie de los seguidores de esta columna parece conocer el MdMa, que es un cristal base de las pastillas de éxtasis. es muy común los fines de semana ver, en parrandas de centenares de terrazas porteñas, y algunas de por aquí también, sólo que cada vez que alguien trae pastillas de Buenos Aires o cristales del Viejo Continente, chicos patinados de sudor bailando y tocándose con yemas tensas, anhelantes, con los ojitos cerrados para percibir en todo su esplendor los bombazos de ese amor de cotillón que, muy a pesar de la postrera desilución de la que apenas parecería que pudiéramos reponernos, se las recomiendo probar a los que todavía no. pero tengan en cuenta que luego de la primera vez poco más habrá para explorar y descubrir, porque todo se limita a repetir una estructura de percepción, muy pero muy placentera, a la vez que didáctica, si se quiere, y que estimula el autoconocimiento. pero luego irremediablemente nos abandona solitos a nuestra tarea de reconstrucción donde debemos trabajar a pie, sudando, reinventando el amor cada vez y a nuestra particular medida. qué más querés?
yo por lo pronto estoy conforme con mantenerme en el medioporrito de antes de dormir, sentadito en el balcón, mientras la luna se alza como un durazno entre las copas de los árboles de la costa. y allí sí que me animo a saludar a los amigos del aire con una genuflexión.
no me dejen solo que me mistifico!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ah... así se llamaba esa cosita de la terraza... Bajo la sencilla y efectiva (y efectista) nomenclatura "cristal" lo probé, con el ansia del ebrio, pero era muy muy poquito ya que no me produjo efecto alguno... Es más, me quedé dormido al ratito nomás, porque venía con toda la noche encima.

Pero prometía cosas bonitas, ese cristal.

Saludos...