9/24/2006

Tropas

Mañana
Flammas en la arena y todo al ras del agua y de las islas desde que el sol cabeceó el arco del horizonte y empesó a dar de coté. Cabecita de hornalla trepadora, asomada, vertical. Oro del aire veteado de plomo y otros grises, ¿qué se escurre?
Lllego aquí sobre las nueve, con el librito verde limón del cubanito García Vega, echo todo un vistazo de 180º y me tiro en el pasto de la barranca que da a la arena de la playa. Veo siluetas que aparecen desde varios puntos, como puntos de luz robados a la cera de la piel o a las chapas de la indumentaria, cosas que me revelan que aquí ya comenzó la derrotation. La esgrima pelada de los corredores, de los caminantes a conciencia, de los que resoplan y escupen, todos químicamente removidos, sus alvéolos, bronquiolos, todo el set aeróbico.
Mi carrera contra la muerte se desarrolla en otra arena, voy hacia las cifras del librito del cubano que está hecho como de hormiguitas circulantes entre laberintos de cajitas que promueven cada vez juegos distintos, pantallas, o complicados boxs interconectados por un trazo de lógica erudita y delirante. El delirio son los seres que lo habitan, claro puesto que en este fragmento de Vilis los personajes son huéspedes de un loquero. La lógica está dictada por el anclaje de las referencias literarias que algunos pueden compartir y si no, al menos, comprender que se trata de un juego de referencias librescas. Claro que eso no es todo, otro genio irrumpe en ese diálogo.
Me río. Me pongo en guardia cuando un trote hace carraspear las piedras del terraplén, muy cerca, a mis espaldas. Un gimnasta matutino se me antoja no sé por qué un sacado desde temprano, cuánto más un domingo tan lindo. Trato de controlar el merodeo de las tropas aeróbicas sin que esta operación me descuelgue de la lectura, cosa que es casi imposible. O ellos, o García Vega. Qué verga, ganan ellos, y por ventaja, porque encima todos estos últimos trajeron perros. Yo nada tengo contra los perros pero los que traen a la playa no son cuzquitos, sino granes daneses anhelantes. wof wof, ¡quechu!, ¡miní acá!